No pretendemos en este artículo establecer normas rígidas, ni cánones, ni estigmatizar a nadie que se pueda ver reflejado en alguno de los puntos que enumeraremos a continuación. Simplemente pretendemos establecer algunas bases que son fundamentales para llevar una vida satisfactoria, plena y equilibrada, lo que nos mantendrá alejados de la trampa que suponen las drogas. Pero no sólo nos mantendrá alejados de cualquier adicción, sino también de los prejuicios, de los fanatismos, del victimismo y de la inmovilidad. Es como un sondeo que nos servirá para saber qué hacemos bien y, quizás, qué debemos cambiar.

¿Cómo alejarse de una adicción?

  1. No tener miedo. No tengas miedo, es el sentimiento más paralizante que existe, pero por desgracia también el más frecuente y el que más debilita tu autoestima. Las circunstancias que lo provocan son diversas: a no ser capaz, a no gustar, a arriesgarme, a lo desconocido, a lo nuevo… A veces son miedos aprendidos, pero otras veces no son más que la excusa que se pone nuestro cerebro para no salir de nuestra zona de confort, en la que nos sentimos seguros. Nunca olvides que PUEDES, así que atrévete.
  2. Ser asertivo: aprende a decir lo que sientes y piensas. Esto no quiere decir que te conviertas en una apisonadora verbal, sólo que seas capaz de expresar con tranquilidad lo que opinas. Olvida esa horrible costumbre de callarte todo y “tragarte” todo, terminará ahogándote.
  3. No ser negativo. Elimina de tu vida esa costumbre de sólo fijarse en todo lo malo que nos pasa, que no es tanto ni mucho menos, y fíjate en todo lo bueno, que es más aunque no nos lo parezca. Realiza un sencillo ejercicio: todas las noches antes de dormirte piensa en tres cosas buenas que te hayan pasado ese día, no tiene que ser grandes cosas, pueden ser pequeños detalles: he llegado a la parada del autobús y llegaba en ese momento y no he tenido que esperar, he cocinado algo y me ha salido muy rico, he hecho algo en el trabajo y me ha salido bien, he ordenado por fin el armario, me han dicho que me quedaba bien lo que llevaba puesto… Mil cosas que muchas veces pasamos por alto al quedarnos sólo con el acontecimiento negativo del día. Al cabo de unos meses de hacerlo, tu cerebro se habrá convertido en un cerebro más optimista y con mayor tendencia a ver las cosas buenas. También te mantendrá alejado de lo que llamamos “neurosis de queja”: estarse todo el día quejando.
  4. Relacionarte. Nunca olvides que somos seres gregarios, estamos hechos para vivir en manada y el relacionarnos con los demás es fundamental en nuestra vida. Tener unas buenas y sólidas relaciones afectivas es un seguro refugio contra cualquier suceso negativo o mala situación anímica. El hecho de tener contacto físico, dar y recibir cariño y sentirse acompañado y apoyado es uno de los pilares más sólidos que podemos tener.
  5. Disfrutar de la vida. A veces interpretamos esto como que te toque la lotería, viajar a lugares exóticos o participar en juergas hasta el amanecer. Nada más alejado de la realidad, disfrutar de la vida es otra cosa, es valorar el hecho de vivir y cada momento que lo conforma, es ser capaz de observar lo que me rodea y valorarlo: mi familia, mis amigos, mi casa, mi trabajo o el simple hecho de tenerlo, mi ciudad, mis ratos de descanso, mi afición favorita… Es aprender que cada momento es único e irrepetible. Todos pasamos por momentos malos, pero si cambiamos la forma de enfrentarnos a ellos, la situación será diferente. Debemos aprender también a dejar el pasado atrás, sólo nos puede servir para aprender, no para quedarnos anclados en él.
  6. Ser tolerante. Debemos ser capaces de darnos cuenta de que todos tenemos prejuicios, cosas profundamente arraigadas en nosotros, temas que consideramos intocables… Todo esto no hace más que reducir nuestro mundo hasta convertirlo en algo raquítico. Aprende, estudia, escucha, duda, entiende que no siempre tienes la razón ni estás en posesión de la verdad… Eso te hará una persona más tolerante, con más empatía, una persona con una mente abierta al resto del mundo y no encerrada en su microcosmo.
  7. No vivir pendiente de los demás. Claro que vivimos en sociedad y debemos preocuparnos de los otros, pero no vivir sólo para ello. Si vivo siempre supeditado a lo que los demás quieran hacer y pendiente de su aprobación, enterraré mi verdadera personalidad, olvidaré que es lo verdaderamente quiero yo, me convertiré en una prolongación de los otros y esto tarde o temprano me generará una profunda insatisfacción.
  8. Conocerme a mí mismo. Sólo si soy capaz de identificar qué me pasa, qué siento, cómo me comporto y porqué, podré cambiar. Y sólo si cambio aquello que me hace sentirme insatisfecho, podré ser feliz.
  9. Huir del sedentarismo. El llevar una vida sedentaria lleva asociado, aunque no lo creamos, muchos aspectos negativos y no sólo para nuestra salud: supone dejarse llevar por la pereza; tener siempre en el subconsciente, aunque nuestro consciente nos justifique para hacernos sentir bien, la sensación de estar haciendo las cosas mal; el asumir que yo no tengo fuerza de voluntad como “algunas” personas para hacer ejercicio de manera continuada; no recibir los beneficios que para el cerebro tiene la realización de ejercicio físico como la mejora en la capacidad de aprendizaje y en la memoria; y por último, no recibir la gratificante sensación de liberación de dopamina que se genera al hacerlo, siendo por eso equiparado a la sensación que genera cualquier droga.
  10. Ocuparmede mi cuerpo. No olvidemos que recibimos uno al nacer y no hay recambio. Lo que hagamos con él será responsabilidad nuestra, sabemos que el 75 % de nuestra salud depende de nosotros. Si entiendo de verdad esto, procuraré no dañarlo haciéndole ingerir tóxicos como tabaco, alcohol o cualquier otra droga, comeré bien pues sólo de los alimentos obtengo muchos de los principios necesarios para su buen funcionamiento, y dormiré lo necesario para que todo mi organismo se repare y vuelva a funcionar en condiciones óptimas el siguiente día. Con esto aseguraré un adecuado cuidado a ese cuerpo que a veces olvidamos que necesita cuidados y que no es el de un superhéroe que le hagan lo que le hagan resiste.

Sólo si nos sentimos bien y somos conscientes de ese bienestar nos alejaremos definitivamente de las drogas, puesto que si obtenemos la dopamina que nuestro cerebro necesita de manera natural no nos serán innecesarias.

Así que pongamos en práctica lo que hace poco leí en una frase:

“No dejes que termine el día sin que hayas crecido un poco, sin haber sido más feliz, sin haber aumentado tus sueños”.

Dra. San Román
Subdirectora Médica Centro AUPA