¿Por qué nos drogamos? ¿Qué características tienen algunas personas como para ‘necesitar’ consumir drogas? Hoy empezamos una serie de artículos en los que entrevistamos al Doctor Díaz Mediavilla, experto en adicciones y director de nuestro Centro Médico Aupa.

Los sistemas de recompensa son regiones del sistema nervioso central que responden a estímulos específicos y naturales. Estos están controlados por neurotransmisores y permiten que el individuo refuerce conductas que pueden ser beneficiosas o no, para el organismo. Les pone la “etiqueta” de bueno o malo, para así que nuestro cuerpo distinga entre lo que le conviene o no le conviene. Con ello consigue una muy eficaz fijación en la memoria de la conducta a reforzar.

En un principio el organismo, al recibir cualquier droga, las identifica como un tóxico, sin embargo ellas actúan directamente sobre los centros neurológicos de recompensa, enviando la señal al organismo en vez de rechazo y alerta, como de aceptación y lo convierten de manera errónea, en elemento saludable, positivo y beneficioso.

El sistema va a recompensar todas las interacciones externas que le parezcan positivas para el organismo, en el caso de las drogas, lo que hacen es estafar al sistema nervioso central, inhibiendo la señal de toxicidad.

SoledadEstas interacciones entre droga y organismo, hacen que el individuo reclame su consumo, creyéndolas beneficiosas para él. En las fases más avanzadas de la enfermedad, podremos hablar de que el individuo llega incluso a creerlas imprescindibles e indispensables para su supervivencia, como lo pueden ser el agua o el alimento.

El sistema de recompensa se ve muy dañado por el consumo crónico, ya que agota los receptores de la dopamina, o mejor dicho pierde sensibilidad ante la droga, con lo que el individuo recurre a un uso cada vez más abundante para procurarse los mismos resultados de satisfacción.

La potencia reactiva de las drogas en nuestro organismo, ya sea el alcohol, la cocaína, el cannabis o cualquier otra, hacen que su toxicidad sea pasada inadvertida por nuestro sistema metabólico, algo impensable si comiéramos un alimento dañino o en mal estado.

El organismo se pondría en estado de alerta cada vez que tratáramos de repetir su consumo. Sin embargo, con las drogas esta señal de alerta se inhibe ya que se vio eficazmente anulada por la señal positiva recibida en los centros neurológicos de recompensa, cuando fue consumida.