Hablaba la Dra. San Roman en nuestro último artículo del blog, Las piedras de Frida Kahlo’, sobre la terrible vida que, sin duda, le tocó vivir a la artista. Frida, frenada por una enfermedad que le condicionó la existencia, no hubiera sido la Frida Kahlo que conocemos de no ser por todas esas piedras o lastres de los que nos hablaba el anterior artículo. Sin embargo, hoy queremos hacer una nueva reflexión, ahondando más en el positivismo de esta pintora, en cómo manejó las riendas de su enfermedad, cómo canalizó su rabia o frustración, y también su forma de amar, a través de la pintura… 

Éstas son, para mí, las estrellas de Frida Kahlo:

  • Su infancia. Esa enfermedad de la que hablábamos, la poliomielitis, hizo vivir a Frida una infancia dolorosa; operaciones constantes, largos periodos postrada en la cama… Sin embargo, no logró frenar sus ganas de aprender deportes nada usuales para una niña en el México de la época como el fútbol y el boxeo, en los momentos de mejoría, evidentemente. Esta enfermedad marcó su infancia, si bien es cierto que la debilidad física de Frida hizo estrecharse aún más los lazos con su padre Guillermo, al que estaba muy unida. Éste era un gran fotógrafo y quizá aquí empezó la curiosidad de la niña por el arte. 
  • Su accidente. Se dice que a raíz de este terrible infortunio, Frida comenzó a pintar. Ella misma dijo: 

“Nunca pensé en la pintura hasta que tuve que guardar cama a causa de un accidente automovilístico. Me aburría muchísimo ahí en la cama con una escayola de yeso (…), y por eso decidí hacer algo”. 

Vemos aquí la actitud positiva de la incipiente artista, que en lugar de dejarse llevar por la frustración de no poder moverse, y lamentarse de por vida, decidió “hacer algo”: desarrollar una tarea artística que le ayudara a evadirse y, sobre todo, a evitar el vivir en una constante queja que no le hubiera servido para nada. 

  • Maternidad frustrada. De nuevo nos topamos con un suceso terrible en la vida de Frida Kahlo. Su pelvis, destrozada por su enfermedad, le impedía albergar un bebé en su interior. A consecuencia de su último aborto, decidió volverse a su México natal, donde ella más cómoda se sentía, concretamente a la conocida como Casa Azul, la hacienda de su familia, su refugio.

Lo que nos puede sorprender de Frida Kahlo es cómo una persona enferma que no podía viajar demasiado y en largos períodos de crisis incluso ni casi moverse, una persona, por tanto, a la que se le presupone un “mundo” tan pequeño (su jardín, su habitación dónde pintaba y poco más) podía poseer un universo tan enorme en su interior. ¡Qué riqueza mental el haber sabido encontrar la satisfacción personal en la pintura! Esa era su verdadera estrella: la pintura. 

  • El amor. Mucho se ha hablado de la relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera… La única verdad es que nunca sabremos la verdad de su historia. Ellos eran y deben ser los dos únicos jueces de su entramado amoroso. Y, si la libertad y el consentimiento eran piezas clave del puzzle, no somos quienes para juzgar si esto o aquello era “bueno” o “malo”. 

    Por lo que se sabe, es muy probable que las relaciones sexuales fuera de la pareja fuesen una constante por ambas partes, pero lo que sí parece claro es que la atracción entre ellos dos era más bien algo intelectual, porque, pese a su diferencia de edad, compartían intereses políticos y artísticos. 

    No nos olvidemos de la minusválida física de Frida en este punto, pues seguramente jugaba un papel importante dentro de la relación. Aún hoy día sigue resultando un tema tabú el de las relaciones sexuales de personas con algún tipo de discapacidad física, por lo que resulta muy complicado hacernos a la idea de lo que entre ellos pudo pasar.

Como podéis leer, sus piedras y sus estrellas… ¡Resultan ser las mismas! El simbolismo en su pintura refleja los diferentes estados de ánimo por los que fue pasando Frida Kahlo en cada episodio de su vida, materializando así el sufrimiento y la esperanza de manera deliberada. Pero lo que quiero destacar hoy en este artículo es la personalidad apasionada de la pintora. Frida ponía pasión desmedida a todo lo que hacía. Y poseía un carácter que le hacía enfrentarse a la vida, a través de la pintura, como si de un combate diario se tratase.

Frida Kahlo fue sin duda una luchadora: contra su enfermedad, contra la sociedad de la época, contra su propio malestar… Pero también una mujer que albergaba un mundo interior tan enorme como particular, y que solo pudo hacernos llegar una mínima parte de él a través de sus cuadros. Y eso es lo único que nos queda… 

Irene Ramírez 

Redactora blog Centro AUPA