El alcohol y el tabaco son dos sustancias cuyo consumo no sólo está socialmente aceptado, si no que durante mucho tiempo ha estado enormemente valorado, elevando a sus consumidores a un más alto rango social.

Ambas sustancias no solo carecían de la denominación de “droga”, es que además otorgaban prestigio y notoriedad. Las personas más importantes aparecían en tertulias de televisión fumando, incluso en las películas, los héroes también lo hacían. Los anuncios mostraban un prototipo de hombre o mujer fumador/a interesante… 

El alcohol ayuda a desinhibirse y eso le ha proporcionado el estatus de “buen rollo”, de esa “ayuda” para divertirnos, de necesidad incluso. En todas las reuniones familiares, cenas de trabajo, de amigos… El alcohol está muy presente. Y no pasa nada. Es por ello que durante mucho tiempo se usó la (errónea) denominación de “droga blanda”, restando importancia a sus efectos y a su dependencia.

Hoy en día, pese a que la información sobre drogas que nos rodea (gubernamental, en televisión, anuncios de otros organismos, panfletos…) es cada vez mayor, todavía mucha gente desconoce que el alcohol es la droga más importante de todas. Esa importancia que la comunidad científica le otorga frente a otras drogas no tiene tanto que ver con los efectos (todos sabemos que los efectos físicos y psicológicos de drogas como cocaína, heroína, pastillas… Son absolutamente devastadores) si no más bien con el hecho de haberse comprobado que resulta ser la puerta de acceso al resto de drogas.

Una puerta que la sociedad ha mantenido históricamente abierta, que a día de hoy continúa de par en par y cuyo único cerrojo es la información.

En Centro Médico Aupa hemos salido a la calle a preguntar sobre este tema  y este ha sido el resultado; de nuevo alcohol y tabaco menospreciadas como drogas.