NUESTRO CEREBRO A TRAVÉS DE LA PALABRA

Se nos cuenta en el artículo la histórica condena de una joven por homicidio involuntario al animar a su novio a suicidarse. Es un auténtico hito que me parece de una gran trascendencia, y por eso y porque es un tema que personalmente siempre me ha parecido tremendamente interesante, he decidido escribir sobre él. La chica no hizo físicamente nada, sólo animó a su novio a realizar lo que él le expresaba como un deseo: suicidarse. A través de múltiples mensajes, le reafirmaba en esa decisión e incluso le reconvenía si dudaba. El juez decidió que esto favoreció la muerte, este es el enorme poder de la palabra.

     Desde pequeños recibimos la información sobre lo que es bueno o malo, sobre lo que debemos aprender, o sobre la opinión que merecemos a los demás a través del lenguaje: niño no corras, qué niña más guapa, qué simpático es el crío, niño no se tiran las cosa al suelo, no te pegues con tus amigos, este niño es muy torpe…..Y desde ese mismo momento esas palabras empiezan a influir en nuestra vida de una manera decisiva porque nos devuelven la imagen que los demás tienen sobre nosotros, son el espejo en el que nos vemos reflejados, y así “aprendemos “ cómo somos. También nos informan sobre cómo es el mundo, si un lugar agradable en el que vivir o un sitio lleno de peligros que nos acechan y contra los que tenemos que estar en guardia siempre. Y sobre cómo debe ser mi relación con el resto de las personas: confiada y mostrando buena intención, o a la defensiva y esperando la crítica y la traición. Todo esto es lo que aprendemos a través de lo que escuchamos en nuestro pequeño mundo infantil: padres, tíos, abuelos, maestros….Y esa senda de creencias es la misma por la que transitaremos nosotros, sin plantearnos siquiera, que pueden existir otros caminos. Y con esa imagen reflejada en ese espejo es con la que me muevo por el mundo, sin dudar que es la correcta, sin pensar que esos espejos pueden estar mal y devolverme una imagen distorsionada, que no se corresponde con la realidad.

     Por otro lado, nuestra manera de hablar condiciona nuestra vida y nuestras relaciones con los demás, podemos convertirnos en personas optimistas, alegres, con ilusiones, de tal manera que resultemos una compañía agradable que los demás buscan, porque estar a nuestro lado les hace sentirse bien, o por el contrario, convertirnos en personas derrotistas, pesimistas, llenas de nefastos augurios sobre el porvenir y lo que nos rodea y cuyas palabras preferidas sean “ no” o “para qué si es imposible”. En este caso tendremos una vida más triste, limitada, sin proyectos y sin relaciones sociales. Tales de Mileto decía “cuida tus palabras, que ellas no levanten un muro entre ti y los que contigo viven”

       También lo que decimos delata nuestros prejuicios o las ideas preconcebidas que tenemos sobre las cosas, solo escucha con atención a alguien y casi puedes hacerte una idea bastante aproximada de cómo es y cuáles son sus puntos débiles.

     Por todo ello es importante que aprendamos a escucharnos a nosotros mismos, que veamos cómo nos expresamos, que corrijamos, porque, aunque parezca poco importante, sólo así entrenamos a nuestro cerebro a pensar de otra forma, a creer en nosotros mismos, a pensar que puedo y no que lo voy a intentar pero no sé para qué. Tengo que aprender a vivir en un nivel de conciencia más alto, a ser consciente de lo que digo y cómo lo digo, no a limitarme a ser un loro que repite lo que le enseñan o lo que los demás dicen. ¿De verdad quieres cambiar? Pues como primer paso aprende a corregirte en tu modo de hablar, empieza a enviarle otro tipo de mensajes a tu cerebro, aprende a ser flexible en casi todo, pero sé categórico al decir PUEDO. Inténtalo y comprobarás cómo tu vida cambia. Si empiezo a creer que las otras pueden ser de otro modo, te aseguro que lo serán, pero dilo en voz alta, grita que vas a cambiar, ríete aunque creas no tener motivos, porque tienes uno fundamental: estás vivo. No critiques, habla en positivo, no te sumes al coro de plañideras, si hay algo que está mal, pon tu granito de arena para cambiarlo, aprende, no repitas cosas negativas, deja de repetir profecías malditas, o se acabarán cumpliendo. Aprende a cambiar el estado de ánimo con el que valoras las cosas, mira a tu alrededor y di en voz alta que el mundo es un lugar agradable para vivir, que la vida merece la pena, que puedo hacer todo aquello que quiera, que soy libre, que lo único importante es mi juicio basado en mi conciencia y no la crítica ajena, sé amable, sonríe y te aseguro que de manera inmediata te sentirás mucho mejor. Esto es lo que tengo que grabar en mi cerebro, y lo tengo que repetir a menudo para contrarrestar el discurso negativo que durante años he mantenido.

   Decía Confucio que “Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento”, y eso es lo que precisamente os recomiendo hacer, por eso , si quieres cambiar tu pensamiento, cambia tus palabras.

                                             Dra. San Román