Recientemente hemos leído esta noticia en la prensa:

Bobbi Kristina Brown, la hija de la cantante Whitney Houston, ha sido encontrada inconsciente en su bañera este sábado. La joven de 21 años logró ser reanimada por los servicios sanitarios y fue trasladada al hospital North Fulton donde fue inducida a un coma artificial. La policía ha encontrado sustancias estupefacientes en el inmueble.”

Este incidente es casi una copia de lo que le ocurrió a su madre hace tres años cuando fue encontrada muerta en casi las mismas circunstancias.

Al enfrentarnos a esta noticia seguro que todos nos hemos hecho una pregunta: ¿qué probabilidad existe de que los hijos de adictos puedan también llegar a serlo?

Para contestar a esta pregunta hemos de tener en cuenta muchas variables que intervienen en esta posibilidad, tanto genéticas como ambientales, si bien van a ser estas últimas las que más peso específico van a tener en el desarrollo de una adicción por parte de un hijo de adicto.

A través del funcionamiento de las neuronas espejo podríamos explicar simplificando muchísimo un proceso realmente complejo: el aprendizaje y desarrollo de una serie de conductas desadaptativas que los hijos, desde la más tierna edad, van a introyectar y lo que es peor, van a normalizar.

Un ejemplo bastante obvio es el niño que vea beber alcohol a sus padres o consumir cualquier otro tipo de droga.

Si un padre le dice a su hijo que no fume porque es malo mientras sostiene un cigarrillo en su mano, va a provocar una disonancia bastante grande en el procesamiento cognitivo de su hijo de esta información.

 

Los factores, pues, que hacen que una persona llegue a depender de una sustancia o conducta adictiva pueden ser muchos y suelen ser un problema multifactorial, si bien a mí me gusta dividirlos en dos grandes grupos:

* Factor hereditario: recientemente varios estudios científicos demuestran que en ocasiones un individuo puede heredar cierta dotación de receptores a sustancias, lo que hace que el encuentro de una droga y una persona con dicha predisposición genética incremente la posibilidad de que esta sufra una dependencia.

* Factor emocional: el déficit del control emocional en última instancia va a ser el que determine si se desarrolla o no una adicción y en qué grado: autoestima, control de impulsos, resolución de conflictos, manejo de la incertidumbre, etc. En este grupo también incluimos los factores de personalidad del individuo y los factores sociales y de presión social.

Por tanto concluimos que el factor hereditario apela a cierta predisposición y no podemos intervenir directamente sobre ello, mientras que en el factor emocional es en el que debemos intervenir desde el punto de vista educativo y terapéutico, modificando la plasticidad neuronal del individuo para enseñarle a cambiar su conducta para que él pueda conseguir su bienestar físico, psíquico y social.

Si esto último no se hace bien, la probabilidad de que un hijo de un adicto también lo sea se convierte en bastante alta.

En el momento en el que se cierra este articulo, Bobbi continúa luchando por su vida en el hospital. Esperemos que se recupere pronto.

Fernando Gallego

Psicólogo Centro Médico AUPA