Os extrañará quizás el título, “adicción y cerebro, relación e ideales” y es probable que os parezca que no tiene relación con el artículo al que hace referencia, (Francisco Luzón, tiene ELA), ahora os lo explicaré y lo entenderéis. Desde nuestra infancia recibimos los mensajes que nos dan las “claves” sobre lo que tiene que ser una vida feliz. Se nos indica cuál es el camino que debemos recorrer para conseguirlo y se nos inculca qué cosas debemos reunir para tener el kit completo de la felicidad. De esta manera nuestro cerebro elabora unos ideales a seguir y a perseguir. El problema es que a veces, el camino andado no es el que nosotros en realidad quisiéramos haber recorrido o incluso, que una vez llegado al final y conseguido aquello que tanto anhelamos no nos da la felicidad. Y estos dos motivos subyacen bajo la infelicidad que muchos de nuestros pacientes muestran, en el primer caso por la insatisfacción continuada, aunque no reconocida, de hacer lo que se espera de mí pero no lo que en realidad yo quiero, y en el segundo porque al llegar surge la pregunta ¿y ahora qué?. Esto hace que, como no debemos olvidar que nuestro cerebro está diseñado para nuestra supervivencia tanto física como emocional, busque alivio en aquello que aprende que se lo proporciona de manera rápida y fácil, ya sea una sustancia(tabaco, alcohol, cocaína, cannabis…) como la realización de una determinada conducta (ludopatía, oniomanía, adicción al sexo….) No debemos olvidar que los ideales residen en nuestro cerebro, no es algo externo, los has formado tú, de acuerdo a la educación recibida y al entorno y mundo en el que te has movido. Por eso los ideales de cada cerebro son distintos. Así pues, la primera cosa que nos tiene que quedar clara es que no existe una situación ideal de felicidad, nunca esta nos va a venir dada por cosas ajenas. Si lo entendemos así, evitaremos las frustraciones de esperar y la de depositar nuestras esperanzas en algo ajeno a nosotros. Define la felicidad Matthieu Ricard, monje budista francés que cambió su profesión de biólogo molecular y un futuro prometedor profesional y económico, por una habitación de dos por dos en el Himalaya, como “ una sensación de profunda serenidad y realización”. No puedo estar más de acuerdo, esto es en realidad. Y esto sí depende de nosotros, está en nuestras manos, y no depende de ninguna circunstancia externa. Y es, llegados a este punto, donde creo que ya entendéis cuál es la relación con el artículo en el que leemos la entrevista a Francisco Luzón, un prestigiosos y exitoso economista, aquejado de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), y al que ni su enorme fortuna, ni su éxito profesional, han podido ayudar en esta situación. Sólo el amor de su familia y, sobre todo, su profundo convencimiento como él dice de que quiere seguir siendo él mismo hasta el final de sus días, ha hecho que a pesar de alimentarse por una sonda, estar en una silla de ruedas y hablar a través de un altavoz conectado al móvil en el que escribe, no haya perdido su sonrisa, ni su capacidad de querer hacer cosas. Ha creado una fundación con su propio dinero para conseguir aunar esfuerzos contra una cruel e incurable, en este momento, enfermedad degenerativa. Cuando le pregunta el entrevistador a qué se agarra, contesta algo que desde que lo leí se ha convertido en un lema para mí:

” Poner frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”.

   Solo me gustaría que sobre esta última frase y la definición de felicidad de Ricard, establecierais vuestras vidas, y os aseguro que desaparecerán las angustias, ansiedades, miedos, insatisfacciones, frustraciones, temores ante el juicio de los demás….

   Termino con una estrofa de la canción de Mercedes Sosa que Luzón pone al final de la entrevista y a la que creo que no hay que añadir nada más: “Cambia lo superficial/ Cambia también lo profundo/ Cambia el modo de pensar/ Cambia todo en este mundo. “

                                         Dra. San Román

Directora médica de Centro Médico AUPA