23:59 de un domingo cualquiera, te dispones a meterte en la cama cansada del fin de semana, ya que has cometido más de un exceso. Te sientes además de mal físicamente, resacosa y deprimida. También estás enfadada contigo misma por no haber tenido la fuerza de voluntad suficiente para ir a correr, montar en bici o ir a visitar a tu abuela. La carga emocional ya comienza y no estamos ni a lunes. No puedes pegar ojo, ya que la ansiedad que te produce volver a repetir una semana laboral llena de intrigas, desplantes, injusticias, quejas y mal rollo, hacen que estés nerviosa. Sabes que estas quemada pero no encuentras salida a esa situación. (Esto es conocido como “el síndrome del trabajador quemado). Por fin te duermes.

08:00 Lunes. Te queda un largo día por delante, sabes que empezarán a sonar las alarmas por todos los departamentos en cualquier momento y que no pararán hasta el viernes. Tomas aire y respiras, te prometes a ti misma que ésta será la semana en la que no perderás tu sosiego, calma y equilibrio.

08:00 Martes. Te encuentras a un becario en tu ordenador, cuando le preguntas que por qué está en tu puesto, te dice que son órdenes del jefe. Una vez más, vuelves a respirar hondo y esperas paciente a que el becario busque en Google la tintorería más barata, para realizar el encargo que hoy le ha encomendado el jefe: llevar su traje al tinte, ya que el sábado tiene un bautizo.

8:00 Miércoles: Recibes noticias de un ascenso que le han dado a María Sánchez, esa que no lleva ni un año en la empresa. Vuelves a respirar, no pasa nada si tú tan sólo llevas 6 años trabajando en la compañía y además sólo te has sacado un máster estudiando por las noches.

8:00 Jueves. Llevas todo el mes esperando la respuesta de un cliente de Murcia, al que le estás intentando vender un presupuesto muy elevado. Para la venta desarrollaste un proyecto que te llevó semanas y acudiste varias veces a esa región a presentar algunas demostraciones del producto. La venta se ha producido, pero la comisión y el mérito se las lleva el jefe del proyecto, que casualmente el otro día te preguntó que cómo se llamaba “el chiringo de los de Murcia” y “qué pelotas les estábamos colocando”.

8:00 Viernes. Cada poco miras el reloj, estás deseando que llegue la noche para irte de juerga con tus amigos y olvidar una semanita terrible más. No sin antes recibir una carta de la dirección, comunicando a todo el personal, que, por motivos estructurales, este mes la nómina se pagará el día 15 en vez del 5 como es habitual. ¡Y tú con el alquiler pendiente de pago!

No puedes más, la olla express va a estallar. Estás enfadada, triste, decepcionada, cansada de injusticias y asqueada de todo y con todos. Lo pagas con tu pareja. Hablas por teléfono con tu madre y le respondes con cajas destempladas… Tienes ganas de llorar.

Viernes 22:00, te emborrachas…

Sábado 14:00, te emborrachas…

Sábado 22:00, como te emborrachas, esnifas cocaína…

Domingo 11:00, te despiertas y habitas por la casa como un fantasma al que le han metido una paliza y después le ha atropellado un autobús. No puedes ni moverte del agotamiento y del resacón.

Domingo 23:59, todo vuelve a empezar… Y te preguntas ¿otra vez el Día de La Marmota? Sientes estar viviendo lo que le pasó a Billy Murray en la película “Atrapado en el Tiempo”.

¿Cómo puedo romper este círculo vicioso de decepción, agresión a mi autoestima y a mi dignidad?

Tras búsqueda y reflexión, encuentras algunas respuestas:

1. Si no puedo cambiar mi trabajo de momento, debo verlo como una actividad que paga mis facturas, no focalizar toda mi energía en él. Buscaré proyectos creativos que me llenen y estimulen la parte de ser humano de mi cerebro. Me apúntaré a clases de pintura, canto, escritura…

2. Militaré en alguna ONG para desarrollar mi altruismo, así dejaré de mirarme el ombligo y  de auto-compadecerme. No sentiré que es tan importante recibir ese ascenso, y seguro que así no veré tan grave esas injusticias banales.

3. Buscaré unos minutos durante la jornada laboral para practicar Mindfulness. Trataré de sentir que estoy viva, de darme cuenta de que estoy disfrutando la experiencia de vivir.

4. Contaré con los demás, me dejaré ayudar, sociabilizaré y trataré de empaparme de las cosas buenas que los demás pueden ofrecerme, no me aislaré, no buscaré protagonismos y disfrutaré del trabajo en equipo y sobre todo de su resultado, sin importarme cómo se haya producido éste.

5. Lucharé por cambiar aquello que no me gusta, pelearé, buscaré mis motivaciones, no perderé la ilusión por cambiar mi vida, pero eso sí, nunca perderé la calma. Los grandes cambios sólo se logran con pequeñas aportaciones diarias. Seré constante y no desesperaré si no lo logro a la primera de cambio.

6. Practicaré deporte una hora diaria. Sé perfectamente que ello me producirá bienestar psicológico y, por tanto, paliará las ganas de consumir ningún estimulante.

7. Valoraré mi tiempo de ocio, no lo malgastaré. Si malgasto todo un fin de semana en actividades que implican consumir tóxicos, tendré una visión nublada y confusa de mi tiempo de descanso y acometeré la semana cansada y con la sensación de no haber tenido oportunidad de disfrutar del fin de semana.

En conclusión, no permitas que tu vida se convierta en una elipse de decepción, estress y agobios que te lleven a buscar calmar ese malestar con tóxicos y convertir tu vida en un desequilibrio, sin principio ni fin y vuelta a empezar.

Virginia López

Coordinadora Centro Médico AUPA