ENFRENTARSE A LA INCOMPRENSIÓN: COMER SIN PARAR

He querido hablar precisamente sobre esto, porque es lo primero que se me ha venido a la cabeza tras leer el artículo que cuenta la historia de Alonso, un chico de 17 años que convive con el síndrome de Prader-Willi, producido por una alteración genética y que, entre otras muchas cosas, provoca un apetito excesivo, que es del aspecto que se nos habla por ser, quizás, el que aparentemente es más llamativo y provocó en su infancia mayor número de problemas. Pero podemos extrapolar esta incomprensión, generada por la ignorancia, a multitud de enfermedades, no sólo a las denominadas raras. Lo vemos a diario en Centro Aupa en relación a las adiciones. Hay que luchar contras los prejuicios y el desconocimiento, contra el rechazo generado por todo aquello que se salga de lo “normal”. Y sobre esto es sobre lo que hoy me gustaría reflexionar para evitar que hagamos aquello que lo único que hace es agravar el problema. Debemos hacer lo que ha hecho esta madre, luchar por su hijo e intentar que su vida sea mejor. Pare ello hay siete claves que creo necesarias:

1-Sé realista, no niegues la evidencia. Si crees que algo no está funcionando bien, es probable que así sea. No mires a otro lado, el problema no desaparecerá. Enfréntalo y busca adonde dirigirte para buscar ayuda y asesoramiento, ya sea un problema médico o de comportamiento.

2-Habla con la persona afectada, acompáñala y decide con ella establecer un plan de acción para poder evitar aquello que le hace daño, no se trata de huir ni de esconderse, sino de apartar aquellas cosas que no ayudan. Hay que asumir la situación y de acuerdo a ella, establecer una rutina de comportamiento que ayude. Cuanto mejor informados estamos de una situación y sus posibles efectos sobre nosotros, menos susceptibles somos de sufrir el impacto negativo de las especulaciones o miedos.

3-La persona afectada debe comprender lo que le pasa, debe tener muy claro el porqué. Sólo así conseguirá entender y modificar aquello que le haga daño. No se trata de imponer, sino de decidir cómo quiere vivir, con angustia intentando ignorar un problema real , o asumirlo y aprender a vivir de la mejor manera posible con él.

4-No etiquetar, no asumir el papel de enfermo, no definirme por mi patología: hola, soy fulanito y soy adicto, o soy epiléptico…No me resigno ni me acomodo en la zona de confort del “no puedo”. Todo el mundo puede, sólo que cada uno adapta a sus capacidades y condición. Hay miles de ejemplos de personas que nos han demostrado que ninguna incapacidad les ha hecho renunciar a vivir, a disfrutar. Insisto, sólo se trata de, entendiendo mis circunstancias, luchar para normalizar.

5-Habla de tu problema, no lo ocultes. Si ocultamos cómo nos sentimos, lo único que hacemos es distanciarnos emocionalmente de los demás justo cuando más necesitamos apoyo y cariño.

6-Asume con naturalidad lo que te ocurre y así lo trasmitirás al resto. Sea lo que sea, habla de ello con normalidad, recuerda que no estás maldito, sólo tienes una enfermedad. A diario vemos el problema en nuestros pacientes: cómo explican al resto que ya no beben o consumen cualquier otra droga, qué decir, qué van a pensar, aunque parezca un absurdo es una preocupación añadida e importante que se plantea. Y todo provocado por, insisto, la ignorancia. Pero no por ello debemos renunciar a ser comprendidos, al que le interese me escuchará y se interesará, y aprenderá, saldrá de su desconocimiento. Y al que no, mejor dejarlo ir, no es sano rodearse de personas ignorantes satisfechas, es decir, de aquellas que no saben y no quieren aprender.

7-Confía en ti mismo y sé optimista. No se trata de obviar la posibilidad de experimentar situaciones negativas, sino de enfrentarme a ellas con confianza, con la seguridad de poder superarlas .Las expectativas que tenemos sobre el mundo hacen que cambie la forma en que lo vemos. No te creas las profecías malditas: no vas a poder, estás loco, en tus circunstancias es imposible…., no escuches esos malditos cantos de sirena y no te estrellarás, seguirás navegando hasta llegar al puerto que decidas arribar.

     Debemos entender que el primero que tiene que entender, aceptar y superar es el afectado. El resto viene detrás .Decía Marie Curie: “Nada en la vida debe ser temido, sólamente comprendido. Es hora de comprender más y temer menos”.

                                                                 Dra. San Román