MATAR A TU HIJO

Después de leer la terrible noticia de la muerte de un bebé de 10 meses tras impactar el coche que conducía su madre contra una farola, al conducir esta bajo los efectos del alcohol y la cocaína, y tras superar el horror de asimilarla, es posible que la pregunta que nos surja es: ¿cómo es capaz una madre de hacer eso? Y lo comprendo, pero en cualquier caso esta primera pregunta nunca es acertada. Las cosas en el mundo no suceden sólo según los principios que rigen mi comportamiento, hay personas que cometen actos que yo jamás haría, por diversos motivos, pero también porque la maldad existe.

    Pero no creo que, por lo que parece y nos cuentan los periódicos sea el caso. Es más triste. Parece un caso de adicción al alcohol y cocaína, sino a algo más. Quizás por mi trabajo soy capaz de “entender”, aunque la palabra aplicada a este caso repugna, cómo una madre puede coger a sus dos hijos pequeños de 7 años y 10 meses, meterlos en un coche sin las sujeciones debidas y después de haber bebido alcohol  y consumido cocaína. El desenlace de esta monstruosidad lo conocemos: la muerte del pequeño y el mayor ingresado. No quiero pensar lo que será el futuro de esa mujer, una vez que recupere su capacidad de raciocinio y comprenda lo que ha provocado. Y es que no sé si a veces llegamos a entender lo que supone una adicción, todo lo que destruye a su paso, todo lo que reduce a cenizas y escombros por donde pasa: no hay afectos, no hay principios, no hay reglas, no hay nada, en fin, por encima de mi consumo, de conseguir lo que quiero, ya sea beber, consumir cocaína, porros….cualquier sustancia que altere mi estado de consciencia convirtiéndome en un ser absurdo, sin valoración del riesgo, despreocupado, minimizando las consecuencias posibles de mis actos…y, sobre todo, poniéndome a mí y a mi necesidad por encima de cualquier cosa. Esta es la parte terrible de la adicción, estas son las consecuencias de poner mi libertad y mi voluntad en manos de una sustancia, en creer que supone algún tipo de diversión o satisfacción convertirme en una marioneta en manos de algo que me maneja a su antojo, dejándome vacío de todo aquello que es la mejor parte de un ser humano: el amor, la generosidad, la prudencia, la voluntad, el compartir….dejándome convertido en una distorsionada máscara de lo que debería ser mi verdadero rostro. Por eso no quiero pensar, una vez que esta mujer se recupere, la angustia, la pena y el arrepentimiento que le acompañará el resto de su vida, porque no es un monstruo, es una enferma, cuyos pobres hijos han pagado las consecuencias de que su madre lo sea. Y digo esto, porque es frecuente verlo en nuestros pacientes de Centro Médico Aupa, una vez recuperados, los terribles remordimientos que muchas veces les acompañan por sus actos pasados, lo costoso y duro que es encontrar la paz y ser capaz de perdonarse.

     Cada vez que veo una noticia así, algo por desgracia no infrecuente, como el reciente caso del arrollamiento y muerte de varios ciclistas por una mujer que conducía bajo los efectos del alcohol, siento que todos deberíamos reflexionar sobre lo que podemos hacer en nuestra medida: en la educación de nuestros hijos, en nuestro propio comportamiento, en lo gracioso que nos resulta que nuestro amigo coja el coche después de beber o nosotros mismos (porque nosotros controlamos), en la poca importancia que damos a lo que vemos a nuestro alrededor (botellones, macrofiestas..) considerándolas cosas de chiquillos, en la enorme permisividad social que tenemos hacia el alcohol, siendo uno de los tóxicos más nocivos y dañinos. Un adicto al alcohol no se hace de la noche a la mañana, es un camino que se va abriendo cada vez que se bebe. Por eso, ojalá que esta desoladora noticia nos haga pensar y ser verdaderamente conscientes de que cada vez que consumimos cualquier sustancia que altere nuestro estado de consciencia, estamos abriendo una puerta muy peligrosa y que muchas veces, es muy difícil de cerrar. Como decía Paltón:

“ La libertad está en ser dueños de nuestra propia vida”.

                             Dra. San Román