HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE

Seguramente muchos de vosotros recordaréis la serie de televisión cuyo título era este, por lo menos los que sois de mi edad. Pues este ha sido mi primer pensamiento al leer la confesión de Brad Pitt alcohólico: “Lo soy”. También pensaba en cómo, a pesar de la tozudez con la que la realidad nos demuestra a diario que no es así, seguimos pensando que el dinero, la fama, el éxito personal y profesional, el ser más o menos guapos, delgados, altos, sin arrugas, el tener una buena casa, un buen coche, el que los demás nos reconozcan nuestra valía…es lo que nos da la felicidad. Nos seguimos afanando en la búsqueda de todas estas cosas y, como consecuencia, nos frustramos al no conseguirlas, considerándonos de alguna manera, a nosotros mismos, unos fracasados o con una vida insignificante en la que hemos tenido “poca suerte” en el reparto.

    Mi primer pensamiento recordando el título de la serie, al que antes aludía, surgió como resultado de la compasión que en ese momento sentí por él. Pobre hombre, qué pena, rico en todo y sin embargo pobre en manejo de sus emociones, en autocontrol y en reconocimiento de sus propios demonios. Nadie bebe porque sí, nadie se hace alcohólico de la noche a la mañana. El mismo reconoce en la entrevista que desde que salió de la universidad bebía, no lo había dejado de hacer nunca. Y antes había probado también otras drogas, que dice haber dejado tras su matrimonio. Pero da igual, esa clasificación que a veces hacemos en drogas peores o mejores es absolutamente falsa. Seguramente se quedó con el alcohol por ser una droga legal y socialmente aceptada, por tanto, fácil de conseguir y consumir, no hay que buscar camellos ni esconderse. Pero esto no quiere decir que no sea igual de dañina que el resto, en todos los aspectos de la vida. Él es el mejor ejemplo: ha perdido a su mujer, a sus hijos, se ha visto amenazado por una denuncia por abuso infantil por maltrato a uno de sus hijos…terrible.

El segundo pensamiento surgió porque Brad Pitt alcohólico, es el exponente de “la perfección”: guapo, con un físico imponente, rico, con enorme éxito y prestigio en su carrera tanto de actor como de productor, casado con una de las mujeres más bellas del mundo, con hijos adoptados y propios, con mansiones fabulosas…. qué podemos pensar que le faltaba en nuestro ideario cultural de la felicidad: NADA. Sin embargo, es evidente que no lo era, que además el alcohol le convertía en alguien violento y de convivencia casi imposible, motivo por el que su mujer decidió divorciarse. Yo sí creo que posiblemente le faltaba algo muy importante: quererse a sí mismo, valorarse él mismo, entenderse, corregir su impulsividad, aprender otras formas de tolerar la frustración que no sea beber, (decía beber también por las separaciones provocadas por los viajes), detectar la soberbia que me impide escuchar a los otros,  aprender a  entender lo que siento y pienso…cosas en fin, que no se compran con dinero, y que espero y supongo que le estará enseñando su terapeuta que le ayuda en este proceso.

            Quedémonos con lo positivo, por fin ha sido consciente del problema y ha tomado medidas .Estoy casi segura que reconstruirá su vida porque tiene mucho apoyo y cariño a su alrededor, pero no por ser rico, sino porque ha tenido la suerte de encontrar una pareja que le quiere y está dispuesta a luchar por él y con la que comparte 6 hijos. Sólo espero que este ejemplo sirva para que toda aquella persona que crea poder tener un problema con el alcohol, o que simplemente le parece que bebe demasiado y tiene dudas, acuda a un profesional especializado para buscar consejo y asesoramiento.

  Hay una frase de Coelho que me gusta y creo que podría ser el resumen de esto:” Hace mucho tiempo aprendí que para curar mis heridas necesitaba tener el valor de enfrentarlas”. Y todos podemos hacerlo, no lo dudéis nunca.

                                 Dra. San Román