Si uno lee el artículo de EL MUNDO: “En España, dos de cada mil niños nacen con Síndrome Alcohólico Fetal” entiende claramente el título que he puesto y a qué me refiero.

El alcohol atraviesa la placenta, así pues cada vez que una embarazada bebe, su hijo bebe. Pero ya hemos visto que no es necesario que una madre sea alcohólica o beba cantidades considerables de alcohol para que nazca un niño con Síndrome Alcohólico Fetal; con una copa semanal puede ser suficiente. No sabemos cuál es la dosis límite que genera toxicidad, mejor dicho, sí la sabemos: cualquiera.

No debemos olvidar que el alcohol es un tóxico, aunque forme parte de nuestra sociedad y de nuestras vidas, esto no quiere decir que sea algo beneficioso, sino algo que se ha consumido como tantas otras cosas por costumbre sin ser conscientes de sus efectos. Si, por desgracia, a diario vemos en Centro Aupa los efectos devastadores que el consumo de alcohol puede provocar en adultos, es fácil imaginar el terrible daño que puede generar el alcohol en un organismo que se está formando. Y es un daño irreversible y permanente, no lo olvidemos. Además de las malformaciones morfológicas que presentan los niños afectados (microcefalia, rasgos faciales alterados, alteraciones cardíacas, hidronefrosis…), existen una serie de alteraciones a nivel cerebral sumamente graves: retraso mental y trastornos motores y de la conducta.

Repito, son daños permanentes e irreversibles. ¿Merece la pena? ¿Es posible que alguien juegue así con el futuro de un ser humano por “disfrutar” de una copa? Ojalá la respuesta fuera NO, pero no lo es. En España dos de cada mil niños nacen con él, por no hablar de lo que todavía no podemos certificar ni demostrar, aunque sí intuir, que es la cantidad de trastornos de conducta generados por este motivo. Es un dato estremecedor que debería hacernos pensar. Somos responsables de esa vida, somos los encargados de cuidar a ese ser hasta que esté en condiciones de hacerlo por sí mismo. La ley obliga a los padres a proporcionar los cuidados necesarios a sus hijos desde que nacen, es obligatorio ¿Pero y antes? Debería también haber una ley que obligara a la madre a cuidar a ese niño a lo largo del embarazo, porque eso repercutirá en su futuro. Si hemos tomado la decisión de tener un hijo, hemos de saber que asumimos una serie de responsabilidades, una de ellas es cuidar de su salud. Y el  período de gestación es crucial para su desarrollo y su futuro, aunque al estar dentro del vientre de su madre no lo veamos. Pero lo que ocurra en esa época puede condicionar su vida. 

¿Es tan terrible no beber alcohol durante nueve meses sabiendo que puede perjudicar gravemente a tu hijo? Parece ser que para muchas personas sí lo es y esto para mí es lo verdaderamente grave y preocupante. ¿En qué tipo de sociedad vivimos en la que estar ese tiempo sin beber supone casi una “condena” y un sacrificio? ¿Qué peligroso protagonismo ha cobrado el alcohol en nuestras vidas? Que cada uno se haga la pregunta a solas y se responda, quizás la respuesta nos asuste a nosotros mismos. Vivimos tan acostumbrados a consumir alcohol, que ni siquiera somos conscientes de lo que supone en nuestro día a día o en nuestra manera de divertirnos (casi siempre asociada a él) hasta que no surge un plazo sin consumirlo. Es entonces cuando detectamos cuánto lo vamos a echar de menos o cuánto nos fastidia prescindir de él. 

Decía la escritora Jill Churchill:

“No hay manera de ser una madre perfecta, hay un millón de maneras de ser una buena madre”.

Y creo que la primera de esa lista es proporcionar a nuestro hijo los cuidados que son imprescindibles para su bienestar, y éste empieza antes de nacer, cuando precisamente es más vulnerable ya que no está completo su desarrollo. Así que debemos evitar el consumo de todo aquello que pueda ser perjudicial para él (alcohol, tabaco, o cualquier otra droga). No olvidemos que su cerebro se forma antes de que veamos su carita. 

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA