El del actor Jon Hamm es uno de los muchos ejemplos de los que, por desgracia, a menudo tenemos conocimiento. Pero es muy importante que se haga público; no olvidemos que los actores, los deportistas, los cantantes… Son el espejo en que se miran nuestros jóvenes, a los que imitan y que son su referente en muchas cosas. Por eso es fundamental que reconozcan también que sus vidas a veces no son tan idílicas como pueda parecer y que tienen problemas, y sobre todo este tipo de problemas que todavía a mucha parte de la sociedad le parece algo que es mejor ocultar, algo que si atañe a un familiar tuyo parece “vergonzoso” y que prefieres que no se entere nadie. Pues existen, a todos los niveles como vemos y afecta a todo tipo de personas, independientemente de su nivel cultural o económico.

Habrá mucha gente que se pregunte, ¿pero por qué?¿Cómo puede alguien que, aparentemente lo tiene todo: fama, dinero, reconocimiento profesional como actor caer en una adicción? ¿Qué le falta?  Estas son las preguntas que denotan lo poco que sabemos sobre el mecanismo de las adicciones y sobre todo, sobre cómo funciona nuestro cerebro. El manejo de las emociones es una asignatura pendiente en nuestra educación, por ser, hasta no hace mucho, algo considerado poco importante, primando en nuestro sistema educativo la adquisición de conocimientos, y cuántos más mejor. Y a nivel de felicidad, los criterios manejados son: si tienes dinero, fama y pareja eres feliz. Pues aquí tenéis el ejemplo de Jonn Hamm, tiene todas esas cosas y sin embargo, necesita el alcohol. Esto ocurre porque contrariamente a lo que podamos pensar, nada “me hace” feliz o desgraciado: soy yo el que decido ser feliz y para eso no necesito grandes cosas, sólo aprender a disfrutar de lo que tengo.

Puedo tener mucho dinero, fama…Y sin embargo, ser una persona insegura, con complejos, sin autoestima, incapaz de decir que no, con la angustia de querer agradar siempre a todo el mundo, anclado y frustrado por hechos ocurridos en el pasado…Todo esto es lo que me convertirá en una persona desgraciada, independientemente de todo lo que me rodee, y esto no se arregla con dinero, se arregla entendiendo lo que me pasa y aprendiendo a manejar mis emociones y mi vida.

Debemos pues tener claro que no es el dinero, la fama, o nuestra pareja los que convierten nuestra vida en algo agradable o lo contrario. Somos nosotros mismos. Debemos mirarnos y entender lo que hacemos mal y porqué; entender que podemos cambiar las cosas y sobre todo, entender que la felicidad está en nosotros mismos y a nuestro alcance siempre. Sólo tenemos que decidirnos.

Jon Hamm es el ejemplo de ello, entendió al final que eso que él vivía no era una vida satisfactoria , y con el apoyo de las personas que de verdad te quieren, en este caso su novia, empezará a partir de ahora a vivir una vida que será feliz porque él quiera, independientemente de la fama y del dinero.

Dra. San Román