Leo asombrada el artículo de

[BUENA VIDA] de EL PAÍS y la controversia que se quiere suscitar en torno a este tema. Y además, tras leerlo, me parece que se mezclan dos temas que me gustaría abordar. Los separaré porque creo que son dos cosas diferentes, pero los dos importantes:

  1. Me parece increíble que se hable de la “cervecita” de la tarde como algo que forma parte de la vida de una persona, como algo a lo que hay que renunciar, en este caso, por el hecho de estar embarazada. Me gustaría explicarle a la persona que dice esto, que si alguien bebe cerveza a diario y el hecho de dejar de hacerlo durante un tiempo supone un problema, es que YA tiene un problema, se llama adicción, y como ya hemos explicado en incontables ocasiones, no depende de la cantidad de alcohol ingerida sino de la dependencia que de él tengamos, y de ponerlo como algo prioritario en nuestra vida. Creo que en este caso se cumplen las dos premisas: parece ser que es un problema dejar de beber durante nueve meses y el hecho de plantearnos siquiera el no hacerlo por un embarazo, da idea suficiente del grado de dependencia adquirido. Idea también de lo que constituye un enmascaramiento de lo que no es más que una adicción o dependencia, es el uso del diminutivo, algo muy frecuente en nuestro país para minusvalorar el impacto de algo: un cigarrito, una cervecita, un pastelito, una tapita, una copita… Casi siempre referido a cosas que nos dominan, pero a las que queremos restar importancia con el lenguaje. Debemos de llamar a cada cosa por su nombre, una cerveza es una cerveza. Y es sobre el hecho de dejar de beber alcohol, en este caso concreto en el embarazo, sobre lo que se está debatiendo. Creo que poco más hay que añadir, que cada uno extraiga sus propias conclusiones sobre lo que supone el sólo hecho de la duda.

  2. Como médico que soy, entraré en el segundo tema con toda contundencia. El hecho de beber alcohol a diario no es beneficioso para nadie, pero menos todavía para un ser que se está formando, y para cuyo desarrollo depende de los nutrientes aportados por la madre. No estamos diseñados para beber alcohol a diario, no es algo que necesitemos para sobrevivir, es un esfuerzo añadido el que le pedimos a nuestros órganos diariamente para metabolizar lo que bebemos. De hecho, el consumo diario mantenido en el tiempo no tiene ningún efecto beneficioso, sino todo lo contrario. Está más que demostrado el impacto negativo del consumo de alcohol de la madre en el feto, no sólo a nivel de enfermedad manifiesta o efecto teratogénico, sino en el desarrollo del cerebro y por tanto, en el futuro comportamiento y desarrollo intelectual del niño. La discrepancia de este ginecólogo parece sustentarse en que aconsejarle a una mujer que no beba en el embarazo no es respetar su inteligencia, autonomía o capacidad de decidir. Permítaseme decir que hacía tiempo que no oía una tontería semejante. Somos médicos, se espera de nosotros el consejo basado en el conocimiento adquirido y en la experiencia de nuestra práctica clínica, al igual que yo espero el consejo del arquitecto sobre cuál ha de ser la mejor y más segura manera de construir mi casa, no supongo que por opinar sobre lo que es mejor se vulnere mi autonomía. Tampoco espero una certeza del 100 % del arquitecto en todos sus consejos, con que me asegure que, en la mayor parte de los casos en que se pone una viga torcida la casa se cae, me resulta suficiente para no intentar ponerla así. No podemos asegurar al 100 % que si bebe poco va a pasar algo, pero creo que el riesgo es innecesario y no asumible. Tampoco sabemos cuál es la cantidad necesaria para afectar al desarrollo cerebral, aunque sea de una manera no evidente sino sutil. Es por esto mismo que el mejor consejo será siempre el de no beber, aunque según él esto sea “engañar” a las mujeres por no poder tener una evidencia absoluta. Lo siento señor mío, siempre daré a mis pacientes el consejo que crea más adecuado basado, por supuesto, en mis conocimientos, para eso se me consulta. Y no creo que esto sea emitir juicios de valor, como él dice, sino resolver las dudas con sinceridad y honradez. Le recordaré el juramento Hipocrático, en la parte que dice:

“Procuraré mantener mis conocimientos médicos en los niveles que me permitan ejercer la profesión con dignidad y seguridad, siendo la salud de mis pacientes el objetivo prioritario de mi trabajo”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA