De todos es sabido que el consumo de alcohol es beneficioso para la salud y reduce el riesgo de contraer distintas enfermedades cardiovasculares”.

Esta frase inicial se refería al whisky. Así empieza uno de los tres artículos que hemos seleccionado hoy para constatar cuánta palabrería y falta de escrúpulos hay cuando se pone en marcha la poderosa industria del alcohol. Soy médico y os aseguro que en ningún momento de mi carrera aprendí este axioma. Aprendí las cosas que de verdad influyen en la salud de las personas. 

En un segundo artículo que hemos encontrado, en este caso sobre el champagne, se nos dice que:

según “estudios científicos” las personas de más de 40 años deberían beber 2 o 3 copas de champagne a la semana para evitar el avance de la demencia.

Y en el tercer artículo, por si nos faltaba algo, se nos dice que:

tomar vino es mejor que ir al gimnasio.

Sinceramente estoy estupefacta. Es decir, que según estos artículos, si bebo vino, champagne y whisky con frecuencia, las tres cosas porque cada uno de ellos mejora cosas distintas, seré una persona sanísima: con una excelente memoria, sin enfermedades cardiovasculares, sin trastornos cerebrales y con unas maravillosas funciones cardíacas, musculares y óseas. Si no fuera por lo terrible que me parece que este tipo de cosas se publiquen y haya personas que lo lean y se lo crean, tendría hasta gracia.

Me gustaría aclarar varias cosas acerca de lo que he leído:

  1. Lo que sí está demostrado que influye en la salud de las personas son dos cosas: en un 25 % su genética y en un 75 % su estilo de vida. Pero cuando nos referimos a este último no hablamos de la cantidad y calidad del alcohol que beba, sino de la calidad y variedad de lo que coma, de la realización de ejercicio físico, de tener una visión positiva de la vida, de tener unas buenas relaciones personales y de mantener nuestro cerebro activo.
  2. Lo que sí está demostrado que mejora nuestro funcionamiento cerebral y nuestro estado muscular y óseo es hacer ejercicio físico, preferentemente aeróbico y de manera continuada. Esto ocurre por la liberación de determinadas sustancias cuando lo realizamos, que llegan al cerebro favoreciendo las conexiones entre las neuronas.
  3. Lo que también está demostrado es que el mantener una dieta mediterránea en la que no falten frutas, verduras, pescado azul, legumbres… Aporta a nuestro cuerpo todos los componentes necesarios para su buen funcionamiento. Todos sabemos que el salmón contiene ácidos grasos omega tres, fundamentales para nuestro cerebro por ejemplo.
  4. Está demostrado es que el alcohol es un tóxico y que cualquier médico podría enumerar una lista casi interminable de sus efectos nocivos: neurológicos (el alcohol lesiona directamente el sistema nervioso central y periférico), digestivos (gastritis, pancreatitis, hepatitis, cirrosis), hematológicos (anemia, neutropenia), osteoporosis, y alteraciones endocrinológicas.

Eso por no hablar del problema de adicción que el alcohol como droga de uso legal y de consumo muy extendido puede ocasionar.

Es necesario que todos sepamos que de nosotros depende en gran medida tanto nuestra cantidad como calidad de vida. Pero para ello, no necesitamos beber whisky, ni champagne, ni vino. Dice un proverbio judío que con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver.

Comer adecuadamente, hacer ejercicio físico, valorar cada momento de nuestra vida, reír, ser generoso, querer y nunca pensar que no puedo, éste es el secreto para tener una vida larga y feliz.

Dra. San Román

Subdirectora Médica de Centro Aupa