“El alcohol aumenta el riesgo de cáncer de mama”

Nos habla el artículo de un estudio realizado recientemente en el que se “reafirma” la conclusión de que el alcohol aumenta el riesgo de sufrir cáncer de mama. Y entrecomillo lo de reafirma porque esto no es algo que deba sorprendernos ni tampoco es novedoso. Lo único que hace este estudio, en el que se sigue a las participantes nada menos que durante 11 años, es confirmar algo que ya sabíamos: el alcohol es un tóxico y como tal nos daña. Lo que me parece estupendo de este tipo de estudios y de su divulgación es que pongan en evidencia algo que los médicos ya sabemos, pero que la población parece ser que todavía no, y es que el alcohol no sólo lesiona el hígado como parece creer la mayoría. Es evidente que es este órgano el encargado de metabolizarlo, y por tanto, el que primero y más directamente sufre un consumo excesivo de alcohol en cantidad o en el tiempo, al hacerle trabajar al límite, lo que provoca un daño directo, primero en forma de esteatosis hepática (hígado graso) y posteriormente llegando a cirrosis. Pero por desgracia, no es el único órgano afectado. El consumo de alcohol está relacionado, aumentando significativamente el riesgo de padecerlo, con:

  • cáncer de cabeza y cuello: cavidad oral, de faringe y laringe
  • cáncer de esófago y estómago
  • cáncer de hígado
  • cáncer de colon y recto
  • cáncer de mama

He de aclarar, por si alguien lo piensa, que esta relación no afecta sólo a aquellas personas que abusan del alcohol, sino a todo aquel que consuma alcohol aunque sea de manera “moderada”, pero prolongada en el tiempo. Vuelvo a utilizar el entrecomillado al usar el término moderado, porque soy consciente de en qué país vivo y de los conceptos erróneos que sobre esto tenemos. Para mucha gente tomarse una cerveza con la comida y otra con la cena y alguna copita de vino, o incluso unas cañas al salir del trabajo, o un gintonic al terminar el día no son considerados como comportamientos de abuso de alcohol. Pueden no serlo a veces en cantidad, pero si esto se prolonga en el tiempo y se mantiene durante años, el daño es el mismo. No depende sólo de la cantidad ingerida, sino también del tiempo que se lleve consumiendo. No olvidemos que en su Informe sobre Carcinógenos el Departamento de Salud de Estados Unidos incluye el consumo de bebidas alcohólicas como conocido carcinógeno humano.

Seguramente muchos os estaréis preguntando cuál es el mecanismo por el que el alcohol produce este daño. Son varios y diferentes:

  • La metabolización del etanol produce acetaldehído, siendo este un producto tóxico, que puede dañar tanto al ADN como a las proteínas.
  • Las bebidas alcohólicas contienen una variedad de sustancias cancerígenas introducidas tanto en la fermentación como en la producción, como nitrosaminas, fenoles, hidrocarburos…
  • Por daño directo, como en el caso del hígado, o lesionando la mucosa oral o alterando tanto el esófago como el estómago.
  • Afectando de manera negativa al funcionamiento del sistema inmunológico. No olvidemos que el 25 % de lo que pasa con nuestra salud depende de los genes, pero el 75% de nuestro estilo de vida. Para que nuestro sistema inmunológico realice su función , que es la de neutralizar y eliminar tanto a los patógenos invasores que entran en nuestro cuerpo como a aquellas células de desarrollo anormal, requiere que nosotros lo mantengamos en buen estado. Esto supone: tener una dieta adecuada, dormir bien, hacer ejercicio físico, mantener un estado emocional positivo y NO TÓXICOS, y aquí incluimos: alcohol, tabaco y cualquier otra droga.

Sólo me gustaría que al terminar de leer este artículo, alguien se parase a pensar si merece la pena, si el seguir consumiendo algo nocivo y que tantos daños nos puede ocasionar, se compensa de alguna manera. No lo necesitamos, no lo olvidemos: el alcohol no aporta nada bueno a nuestra vida, así que podría ser éste el momento de decidir no beber. Si el simple hecho de pensar en dejarlo te angustia, plantéate que puedes tener un problema y entonces, con más motivo, busca ayuda para dejarlo.

Convirtámonos en personas verdaderamente libres, disfrutemos de la vida, seamos conscientes de que de nosotros depende el que podamos hacerlo durante muchos años. En nosotros mismos está la capacidad de divertirnos y ser felices, no necesitamos tóxicos que lo provoquen de manera artificial dañándonos a la vez. Al hablar de este tema siempre recuerdo la frase de Bernard Shaw :

“La libertad significa responsabilidad; por eso la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo”.

Así que no tengamos miedo, atrevámonos a ser libres de verdad.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA