Son las 15 h, enciendo la televisión para ver el telediario. No suelo estar a esta hora en casa, así que me dispongo a enterarme de la actualidad. Mi asombro comienza cuando, tras las consabidas noticias y novedades sobre el referéndum independentista catalán las siguientes noticias son:

1-Un inglés de 26 años llega a Magaluf a celebrar su despedida de soltero y a las ¡seis horas! de estar en la isla ingresa en coma en un hospital después de encontrarlo con varias fracturas supuestamente resultado de una caída, al haberse confirmado por los análisis realizados a su ingreso que había consumido grandes cantidades de alcohol y otras drogas.

2-Un conductor ebrio agrede con un palo a la Policía municipal en Las Palmas, tras darle el alta al coche que iba conduciendo. El conductor se bajó del automóvil y la emprendió a golpes con los agentes.

3- Se endurecen las medidas de seguridad en las próximas fiestas patronales de Las Rozas, tras los últimos acontecimientos ocurridos en las fiestas de Majadahonda, población cercana a Madrid, y en los que resultaron heridos ¡8 agentes! al establecerse una batalla campal en la que jóvenes borrachos y a altas horas de la madrugada empezaron a arrojar botellas y objetos a los guardias civiles al no permitirles la entrada en el recinto ferial por seguridad. De los 26 detenidos, seis eran menores de edad. Se incrementará la presencia policial, la vigilancia y los controles en las próximas fiestas, como si en vez de estar hablando de unas fiestas de pueblo para disfrutar, estuviéramos enfrentándonos a una guerra y a la invasión enemiga.

      Después de esto, apago la televisión llena de rabia e impotencia. Pero; ¿en qué hemos convertido la diversión?, ¿cómo podemos creer que de esta manera puedo disfrutar?¿quién nos ha convencido de esta gran y enorme mentira?¿cómo estamos educando a nuestros hijos, qué les estamos trasmitiendo con nuestro ejemplo?¿cómo puede ser que la mayor parte de un informativo sean noticias relacionadas con el alcohol?

          Lo siento, puede que os parezca exagerada, pero a diario veo las consecuencias de esta permisividad y de este concepto maldito que asocia diversión y alcohol como binomio inseparable. Y lo veo en personas con vidas destrozadas, con problemas familiares, laborales, de soledad y de salud. Y también de vergüenza. Porque sí, el alcohol es estupendo para divertirse y el que no bebe es “raro”, pero cuidado, cuando alguien se convierte en adicto al alcohol, llega el estigma, la etiqueta, el rechazo. Qué curioso, ¿no? Pues esto último es lo que yo veo en nuestros pacientes, la cara B de la moneda, esa que nadie te cuenta cuando empiezas a beber, y que incluso si alguien te la cuenta, te parece que eso no va contigo, porque tú eres una persona “normal”, de una buena familia, que ha ido a un buen colegio, que ha estudiado una carrera, que tiene trabajo, e incluso familia. Pero poco a poco empiezas a notar que algo va mal, ya no bebes como los demás, te emborrachas fácilmente y una vez que empiezas es difícil parar, no recuerdas muy bien qué pasó, empiezas a tener lagunas, puede que incluso los demás te empiecen a comentar que cómo te pasas bebiendo. Y empiezan los propósitos de dejarlo, mañana, el lunes, la próxima semana. Y a cada propósito le sucede un fracaso, y ya me siento atrapado, empiezo a odiarme a mí mismo por no ser capaz, y a la vez mi cerebro empieza el proceso de autojustificación para mantener mi supervivencia emocional: que si no soy feliz, que si estoy sólo, que si en el trabajo no me valoran, que si no tengo suerte en el amor, que si todo el mundo es feliz menos yo……, así hasta que la espiral de autodestrucción es insostenible o hasta que un ser querido cercano nos da un ultimátum y buscamos ayuda. Pues por esto que vivo y siento a diario con mis pacientes de Aupa, me indigno contra ese debeísmo que nos inculca lo que debemos pensar y sentir, sin opción a salirse del camino. A tal punto que una chica de 21 años decide dejar de beber alcohol porque ha entendido que no le hace falta, y cada vez que sale con amigos o de juerga por la noche, debe justificar porqué bebe agua. Y esto es un caso real. Creo que hacer algo es imprescindible, no podemos creer realmente que necesitamos beber para divertirnos, no estamos hechos, diseñados ni programados para eso, el alcohol para nuestro organismo es un tóxico, y muy potente. Y si creo que necesito beber para desinhibirme, lo que tengo que hacer es corregir esa barrera que mi vergüenza, complejos, educación o lo que sea interpone entre los demás y yo. Pero nunca beber es la solución, sólo es un parche que con el tiempo también se romperá.

   Decía Aristóteles:”La persona más poderosa es aquella que es dueña absoluta de sí misma”. Y os aseguro que el alcohol, precisamente por esto, nos hace totalmente débiles y nos aleja de lo que realmente somos o podríamos ser. Siento mi indignación, pero es lo que he sentido y he querido compartirlo con vosotros.

                                                                          Dra. San Román