La respuesta a esta pregunta es un claro y rotundo SÍ.

A pesar de la tolerancia y clara permisividad que en este país tenemos hacia el alcohol, no deberíamos olvidar lo que en realidad es: una droga dañina y peligrosa. Somos un país en el que el alcohol forma parte de nuestra vida: quedamos a tomar una caña, celebramos las buenas noticias con champán, tomamos bebidas espirituosas para tener una sobremesa agradable e incluso decimos que, para hacer una buena digestión, (y hasta no hace tantos años se les daba a los niños pequeños) es bueno un vino dulce como reconstituyente y que como tal se publicitaba en televisión con una cancioncita que, seguramente, muchos de nosotros recordamos.

También tenemos las tasas de impuestos sobre estas bebidas más bajas que ningún otro país y una legislación claramente permisiva. Pero ahí están las cifras proporcionadas por la OMS: el alcohol ha provocado en diez años un número de muertes mayor que las provocadas por la tuberculosis, el HIV y la violencia juntas. El dato es abrumador; el alcohol está vinculado con más de 200 enfermedades de todo tipo: digestivas, cardiovasculares, hematológicas, osteomusculares, respiratorias, endocrinológicas, psiquiátricas… Por no hablar de lo que denominamos “daños colaterales”, que son también muy graves: accidentes de tráfico, aumento de la violencia, accidentes laborales…

Es asombroso, sin embargo, el desconocimiento que, a pesar de ser un país de bebedores, tenemos sobre el alcohol. Casi nadie tiene claro cuando alguien se puede considerar alcohólico, o en qué consiste la adicción al alcohol, ni en realidad cuáles son sus consecuencias, salvo el conocido daño hepático. Pero sabemos mucho de otros temas con mucha menor repercusión. Es por ello que una de las metas de la OMS sea, además de conseguir una reducción en su consumo, el desarrollo tanto de legislaciones específicas como de campañas de divulgación sobres los riesgos que conlleva su consumo.

Michel Cecchini, analista de la política sanitaria de la OCDE en su último informe nos proporciona un dato claramente significativo:

“El 80 % de la población tendría una mejor salud si consumiera una unidad menos de alcohol por semana”.

Querría por último comentar un dato que me pareció tremendamente impactante: el 70 % de los menores de edad ha reconocido haberse emborrachado. Tendríamos que pensar qué estamos haciendo mal si hemos conseguido que nuestros jóvenes crean que necesitan el alcohol para divertirse o para reafirmarse de alguna manera. Creo que es el momento de que todos nos replanteemos cuántas drogas hemos ido incorporando paulatinamente a nuestras vidas, llegando a asimilar su consumo como algo normal: alcohol, tabaco, tranquilizantes, somníferos, porros… Y también para qué los necesitamos y utilizamos en realidad. No debemos olvidar que nuestro ejemplo y nuestra forma de vivir y manejar nuestras emociones y problemas es el que aprenderán nuestros hijos.

Con razón decía la Madre Teresa en relación a la educación de los niños, esa frase que a mí tanto me gusta por lo simple y clara que es:

“No te preocupes de si te escuchan, te ven”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA