Como su nombre indica, las drogas porteras son aquellas que abren la puerta a todas las demás. Son las primeras con las que se tiene contacto, son las que son legales, aquellas a las que tienen más fácil acceso los jóvenes y, por desgracia, son aquellas con las que nuestro cerebro aprende un mecanismo de obtención de placer que no es el adecuado.

Las drogas porteras son dos: alcohol y tabaco. A alguien le puede parecer exagerado pensar que porque alguien beba o fume va a terminar siendo un adicto. Para empezar podríamos rebatir esto diciendo que, por definición, alguien que fuma ya es un adicto y que la nicotina es la droga más adictiva que existe. Pero dejando esto de lado, efectivamente el que un adolescente beba alcohol o fume no implica necesariamente que vaya a convertirse en un adicto a otra sustancia, pero sí está demostrado que es más probable.

¿Por qué las drogas porteras son muy peligrosas?

1. Enseñar a nuestro cerebro una manera de obtención de placer rápido. El consumo de alcohol o tabaco genera dopamina y serotonina, que son unos neurotransmisores que provocan al ser liberados una sensación de bienestar.

Este mecanismo de recompensa es común a todas las drogas, las legales y las ilegales, las que son aceptadas socialmente y las que no lo son. Una vez que nuestro cerebro aprende este mecanismo, lo utilizará cada vez que lo necesite y lo reconocerá en cada nueva droga que probemos, por no hablar de la posterior dependencia física que genera cada sustancia y que contribuirá al “enganche”.

2. Cruzar la línea que separa lo adecuado de lo que sabemos que no lo es. Una vez cruzada esta delgada línea es más fácil para un joven seguir avanzando por ese camino. Un adolescente que bebe y fuma es más probable que pruebe un día una pastilla que le ofrezca un amigo, o un porro, o una raya de cocaína… Está empezando a resbalar por la peligrosa pendiente de la falta de control de su vida.

3. Con el aprendizaje inconsciente de modular bioquímicamente nuestro cerebro para obtener esa sensación de bienestar, aprenderemos también la manera de controlar otras emociones negativas que todos tenemos como miedo, ansiedad, timidez, cobardía, inseguridad…

Esto lo haremos utilizando las drogas, ya sea tabaco, alcohol, porros, o la que en ese momento tengamos a mano. Habremos aprendido que su consumo hace desaparecer momentáneamente todo eso. Esto es una mala solución. Esto no hará desaparecer nuestros problemas, sumará otro más.

Pero esto es algo que una persona joven no es capaz de valorar, salvo que en su casa se le haya educado en otra forma de disfrutar de la vida que, por supuesto, no incluirá tabaco ni alcohol. Es muy difícil explicarle a nuestro hijo que las drogas son muy malas si mientras lo hago me estoy fumando un cigarro o tomando una copa. Los hijos aprenden lo que ven, no lo que oyen. Esto es así por las neuronas espejo, tema del que hablaremos otro día.

Casi la mitad de las personas que comienzan a consumir alcohol antes de los 14 años desarrollan un problema de dependencia a lo largo de su vida. Cuando se espera a los 21 años para empezar a beber, el riesgo de dependencia se reduce al 9%. Vemos por tanto la importancia de conseguir alejar a nuestros jóvenes del tabaco y del alcohol. En Centro Aupa estamos para ayudarte, consulta con nosotros.