¿Podrías asegurar que en tu círculo cercano de amigos, familiares o colegas no hay alguien que sufra una adicción y que ésta pase prácticamente desapercibida? ¿Crees que se puede tener un problema con el alcohol, la cocaína, las pastillas, el juego, el sexo, etc. y llevar un vida “normal”?

Aunque pueda sorprender, lo más probable es que alguien de tu entorno esté padeciendo esta enfermedad y tu no lo sepas y, por otro lado, es perfectamente compatible, al menos en el inicio del proceso de desarrollo de una adicción que la persona pueda continuar con su ritmo de vida de un modo más o menos normalizado (trabajo, familia, amigos…).

Y es que comprender el camino que conduce a un individuo a convertirse en adicto a una sustancia o a una conducta es la mitad del camino. Es un fenómeno complejo que se ve afectado por múltiples factores (la personalidad, el entorno, la frecuencia e intensidad de consumo o realización de la conducta…).

Por ello, cada persona lo vive de manera totalmente distinta. Se dice que una adicción debe entenderse bajo un enfoque biopsicosocial porque hay una parte biológica, una mente y una sociedad implicadas en el proceso.

De esta manera, puede darse el caso de un individuo que consuma alcohol todos los días y otro que sólo lo haga los fines de semana o cada tres meses, a solas o acompañado… pero todos ellos pueden tener una grave dependencia.

Lo mismo sucede con otras conductas como el juego, no tienen porqué realizarse todos los días para que haya un “problema”. Además, como el refuerzo que recibe la persona es muy positivo, sobre todo al principio, la conciencia de enfermedad tarda en aparecer, incluso forma parte de la zona de confort del adicto que muchas veces lo niega para seguir “enganchado”.

Esta aparente comodidad en la que se instala el sujeto no tardará en cambiar. Como hemos explicado, no sucederá igual para todos los casos pero a medida que avanza la enfermedad aparece la incomodidad y el sufrimiento. Y esta situación conducirá inexorablemente a la manifestación de la crisis.

Los síntomas físicos y psicológicos se agravan, el entorno se empieza a ver afectado (familiares y amigos preocupados) y comienza la caída que enfrentará al adicto a su realidad. Sólo a través de una batalla en la que no existen los atajos ni las soluciones mágicas, la persona afectada deberá emprender un proceso de profundo autoconocimiento, de entrenamiento de la compasión, de respeto a uno mismo, de cooperación, de liberación de la soberbia y el egoísmo que no permitían ver más allá del propio ombligo.

Es entonces cuando se produce el resurgimiento, el encuentro con uno mismo desde la esencia de lo que se es: un ser humano con un potencial increíble para ser feliz.

Este es el viaje del héroe que proponemos. Si estás en cualquiera de los puntos que acabamos de describir (aunque tu vida funcione aparentemente bien), no dudes en contactar con un centro especializado en adicciones donde te ayudarán a salir de esa falsa comodidad inicial para recorrer el camino hacia el equilibrio y la calma deseadas.