MI CUERPO A EXAMEN

Esto es lo que parece que hacemos a diario al ponernos delante del espejo: comprobar si estoy gorda o delgada, si mi pelo es lo suficientemente abundante y ondulado o liso, si mi cara tiene arrugas, manchas, granos….es decir, someterme a una valoración que influirá en el estado de ánimo con el que me enfrentaré al día y, por supuesto, en mi autoestima. Es terrible, pero es la realidad. Nos bombardean continuamente con cánones de belleza, con tallas que no son reales, con imágenes de actrices y famosos en las revistas que han sido retocadas pero que nos hacen creer que así son, con medidas imposibles, con cuerpos sin defectos….todo vale para conseguir que la poderosa industria dedicada a la belleza gane dinero. Y lo hacen muy bien, nos lo creemos. De nuestra eterna insatisfacción con nuestro físico vive mucha gente: industria cosmética, industria farmacéutica, gimnasios, centros de estética, centros dedicados a las dietas milagrosas, a los aparatos que sin que te esfuerces te dejan como una modelo, centros capilares, asesores de imagen, revistas de moda, cirujanos plásticos….todo un ejército dedicado a que te conviertas en lo que ellos han decidido que es el prototipo de belleza y que, por supuesto, nunca concuerda con el real. Los que me conocéis o leéis a menudo, sabéis que soy la mayor defensora de llevar una vida sana, con una dieta equilibrada, con ejercicio físico, con un peso adecuado y sin tóxicos. Pero esto no incluye tener un cuerpo perfecto o no tener arrugas. Deberíamos a aprender a aceptar lo que somos. El ser guapo o feo es una lotería, tú no tienes ningún mérito en tenerlo, por eso nunca entenderé el presumir de ello. Entiendo que te sientas orgulloso y presumas de tus logros, pero tu físico no lo es, es algo con lo que has nacido. Claro que todo se puede mejorar, pero de manera natural y sin que se convierta en la obsesión y única meta de tu vida. No dejará de sorprenderme esas personas que con más de 50 años tienen caras como si tuvieran 15, parecen máscaras, intentos frustrados de ser lo que ya no son: jóvenes. Mi concepto de cuidado personal coincide con el que dice el artículo, la salud es belleza y si no coinciden, no sirve. Si para ser bella tengo que mal comer, o vomitar después de haberlo hecho por lo que mal que me siento, si supone vivir angustiada si subo de talla, a pesar de estar en un peso todavía bajo, si me lleva a realizar dietas draconianas e insanas a base de productos que en muchos casos no pasan ni controles sanitarios, es que algo no va bien, me he equivocado de camino.

         Mi valoración personal tiene que ir por otros derroteros. No seré yo la que diga que no importa estar gordo o delgado, claro que importa, pero por mi cuidado, por mi salud, por mi vida, no por la opinión que tengan los demás. Claro que soy partidaria de mimarte en la apariencia externa, de que te pongas colores o cosas que te favorezcan, que te pintes, que te tapes las ojeras con un corrector si quieres verte mejor, pero esto no supone nada más que un adorno, no la esencia de mi vida. Como dice la modelo Cameron Rusell en la charla TED, que os recomiendo: “Las modelos son las personas físicamente más inseguras sobre la faz de la tierra”, porque a diario se ven cuestionadas por ellas mismas y por los demás, su vida de pasarela o modelo publicitaria es ser continuamente enjuiciadas y valoradas. También habla de una cuestión con la que estoy totalmente de acuerdo, si centras tu valía y tu atención en ser joven, delgada y bella,¿ qué vas a hacer el día que ya no sea así?, cómo vas a poder ser feliz si tu objetivo desaparece inexorablemente con el tiempo, por más que algunos se empeñen en creer que no es así. ¿Qué te quedará?

             Tienes un físico, y es verdad que es lo primero que la gente ve de ti, pero intenta que no sea lo único. Procura que si es bueno, el resto que descubran sea igual o mejor, y si es malo, el resto lo anule. El mundo del cine está lleno de famosos oficialmente “feos”, pero terriblemente atractivos. No te creas lo que te dicen, la belleza es un concepto variable según las épocas, culturas, e incluso personas. Así que no dejes que te atrapen en esa telaraña. Lee el artículo en el que hablan 5 famosos modelos y descubrirás la realidad de un mundo ficticio, lleno de tiranías, con pocos valores y en el que los hombres y mujeres que se dedican a ello llegan a sentirse como mera mercancía de exposición, en el que lo que en realidad son no importa, sólo lo que pesan o el aspecto de su cara. Esta cosificación de las personas genera una profunda insatisfacción y una gran frustración. Nadie me pregunta cómo estoy, cómo me siento, si tengo algún problema, sólo cuánto peso o si tengo ojeras o granos. No caigas en la trampa de creer que ser más guapo te hará ser más feliz, no te equivoques, no dejes que te digan cuál es tu valor como ser humano por tu aspecto. Tú eres mucho más. La gente no vive al lado de un físico, vive al lado de una persona, de sus valores, de sus virtudes, de su simpatía, de su buen humor, de su positivismo, de su cariño…esto es lo que todos buscamos para acompañarnos en el viaje de la vida, no sólo un físico.

                 Decía el escritor Alfredo Hoffmann que “cuando menos nos aceptamos, más necesitamos la aceptación de los demás”. No dejes que ese sea tu problema.

                                          Dra. San Román