Entre la tristeza y la incapacidad. (ID: Investigación y Desarrollo). 

La Distimia, o Trastorno Distímico es una variante de la depresión. Se la denomina coloquialmente  la “hermana pequeña” de ésta, pues se considera un trastorno más leve… Pero, claro está, igual de problemático y preocupante para la persona que lo padece. Se cree que su origen es de tipo genético-hereditario.

DISTIMIA proviene del griego, “humor alterado”. 

Afecta a entre el 3% y el 5% de la población, siendo más frecuente en mujeres.

Los afectados por distimia pueden llegar a vivir durante años sin un tratamiento específico por pensar que “tan sólo” padecen un leve abatimiento o pesadumbre y que “ya se les pasará”. 

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes de la distimia?

  • Falta de satisfacción e ilusión por todo
  • Melancolía, tristeza, cansancio general, falta de energía o abatimiento (astenia)
  • Trastornos alimentarios: la persona que sufre distimia puede sentir falta de ganas de comer a todas horas. En el lado opuesto a esa inapetencia, puede haber otros que no puedan controlar sus ganas y sufran una ingesta compulsiva de alimentos.
  • Trastornos del sueño: los afectados pueden, o bien padecer insomnio y no poder conciliar al sueño, o por el contrario, dormir más de las horas que su cuerpo necesita (hipersomnia).
  • Baja autoestima, pesimismo. La persona afecta se ve incapaz de tomar decisiones. 

El inicio de la distimia o Trastorno Depresivo Persistente suele ser temprano; suele aparecer en jóvenes que, al verse obligados a entrar en “el mundo real” y  no saber enfrentarse a él, pueden llegar a verse envueltos en esta leve depresión.  En el desarrollo de este trastorno influyen factores como el desarraigo o la falta de estímulos. Es frecuente, en este caso, que el afectado vaya a buscar esos estímulos en el lugar más equivocado. Se puede llegar a dar un abuso de sustancias como el alcohol y otras drogas. 

Es por ello que nos parece un trastorno tan grave: al inicio del problema, el propio individuo no se da cuenta de la gravedad de su situación, piensa que es algo pasajero y no pide ayuda. Seguidamente, el trastorno se  se va apoderando del día a día de la persona, incapacitándola cada vez más para tomar sus propias decisiones y continuar felizmente con su rutina. Es en este punto en el que, sin ser consciente, el afectado se va a ir viendo envuelto en cada vez más problemas: el agotamiento será mayor, tomará decisiones poco adecuadas, recurrirá a los tóxicos como huida “fácil” de todo lo que le ocurre, odiará el estado en el que se encuentra y se verá dentro de un “agujero sin  salida”. 

Desde Centro AUPA queremos hacer una recomendación: debemos estar siempre muy atentos a cómo nos sentimos en nuestro día a día para que, si algo no nos gusta, analizarlo y cambiarlo. No podemos permitir que el tiempo pase y pase y de pronto un día nos preguntemos : “¿Cómo he llegado a esta situación?”.

Sobra decir que cuando la situación se torna complicada, es totalmente imprescindible un diagnóstico preciso realizado por un psicólogo o psiquiatra especialista. 

¡¡No cuentes los días, haz que los días cuenten!!

Irene Ramírez

Colaboradora blog