Nos habla el artículo de Muy Interesante del denominado “síndrome por atracón”, descrito en el año 1959, pero que aparece por primera vez en el DSM V (última clasificación de las enfermedades mentales de la Sociedad Americana de Psiquiatría) con entidad nosológica propia en el capítulo de Trastornos Alimentarios y de la Ingestión de Alimentos. Se caracteriza por el consumo en poco tiempo de una cantidad excesiva de comida y la pérdida de control sobre esta ingesta. No hay comportamiento compensatorio inapropiado como el vómito, el uso de laxantes o la realización de ejercicio físico intenso, como en el caso de la bulimia o la anorexia. Se asocia con obesidad y comorbilidad tanto psiquiátrica como médica. Las personas afectadas presentan sentimientos negativos, conflictos personales no resueltos y en muchos casos, insatisfacción personal y aburrimiento. Utilizan el atracón para paliar la angustia generada por todo esto, pero posteriormente al episodio, todo ese cúmulo de sentimientos reaparece conjuntamente con una sensación de fracaso y negatividad absoluta. 

Personalmente creo que este síndrome está claramente relacionado con el sistema de recompensa que sustenta todas las adicciones. Enumeraré las razones en las que baso esta opinión: 

1-Las personas que lo padecen nunca son personas emocionalmente estables, equilibradas y satisfechas con su vida. 

2-Intentan paliar todas estas carencias emocionales, miedos e inseguridades con comida, ingerida en grandes cantidades. Durante el atracón esto funciona, desaparece ese malestar, pero posteriormente, el sentimiento es absolutamente frustrante y negativo. 

3-Continúan realizando estos atracones a sabiendas del tremendo efecto nocivo y devastador sobre su salud y sobre su bienestar emocional.

4-Existencia de intentos de controlar estas ingestas excesivas sin ser capaces de conseguirlo. 

5-La comida ingerida durante esos atracones tiene como componentes fundamentales: azúcar, sal y harina. Ninguno se atraca de peras, o lechuga o manzanas. Suele ser comida dulce, comida basura o comida elaborada. Creo que esta es la última pieza que encaja en el puzzle y que nos permite entender qué es lo que pasa en los cerebros de las personas aquejadas de este síndrome: sufren de conflictos no resueltos y de vidas no satisfactorias que el miedo o la falta de confianza en sí mismos les impide solucionar. Sabemos que nuestro cerebro está diseñado para nuestra supervivencia, tanto física como emocional, así que busca una válvula de escape que le permita paliar ese profundo malestar. Esto lo consigue a través de la comida, pero no de cualquier comida, sino de aquella que contiene un elemento que actúa de la misma manera que cualquier sustancia adictiva: el azúcar. El azúcar activa aquellas zonas cerebrales implicadas en el mecanismo de recompensa, provocando la liberación de dopamina y serotonina, que nos generan de manera inmediata una sensación de bienestar. Pero una vez pasado ese momento, los sentimientos de culpa y arrepentimiento frustran mucho más al paciente, generando más malestar por la falta de control y el haber realizado algo negativo para su salud, entrando en un círculo vicioso difícil de romper. Acabamos de describir la secuencia de cualquier adicción. 

6- Es cierto que se habla de la existencia de factores genéticos que pueden predisponer a este padecimiento, al igual que en el resto de las adicciones. Son de origen multifactorial. 

7-El tratamiento consiste en psicoterapia para tratar los problemas que subyacen bajo este comportamiento, conjuntamente con la ayuda farmacológica necesaria. Pero también el cambio en determinados hábitos como el ser responsable y consciente de su salud y como parte de ella de su alimentación y de la realización de ejercicio físico. Como en el tratamiento de cualquier adicción. 

No olvidemos nunca que somos un todo, que debemos cuidar nuestra mente tanto como nuestro cuerpo, que sólo así seremos personas sanas en el sentido pleno de la palabra. Y tampoco olvidemos nunca que la felicidad no es un sentimiento, es una decisión, por tanto depende de mí y no de los demás. 

Dra. San Román

Subdirectora médica Centro AUPA