Existen algunos cambios en el comportamiento de los adictos muy relevantes, que determinan el estado de dependencia y desgaste que puede sufrir una personas cuando está enganchada a algunas sustancias. Hoy te contamos cuáles son esas alteraciones en el carácter.

Sabemos que existen una serie de características personales previas que casi todos los pacientes que sufren una adicción pueden tener: baja autoestima, falta de control de impulsos, inseguridad, escasa o nula tolerancia a la frustración, incapacidad para enfrentar conflictos… Pero por sí solos no llevarían, por supuesto, a convertir en un adicto a una persona.

Es la interacción de estos factores con otros como situación personal, ambiente familiar, entorno social, educación, componente genético, antecedentes familiares… lo que hace que alguien en un determinado momento de su vida desarrolle una adicción.

Pero, una vez que la adicción ya está establecida, observamos una serie de comportamientos comunes a todos y que conforman una particular manera de relacionarse con los demás, una serie de valores y una manera especial de expresar sus emociones, lo que conformaría la personalidad adictiva o personalidad alterada por la adicción, y que puede ser incluso contraria a la que previamente tenía la persona.

Algunos de los rasgos que la caracterizan son:

  • NEGACIÓN Y AUTOENGAÑO. Así pretenden escapar y negar su realidad, no enfrentando las consecuencias que la misma tiene para su vida.
  • MANIPULACIÓN DE LAS PERSONAS de su entorno. La finalidad es mantenerse en su adicción y el no poder tolerar la verdadera causa de su descontrol, consiguiendo que las personas que les rodean se sientan culpables e impotentes.
  • AMBIVALENCIA. Le gustaría librarse de las consecuencias de su adicción pero, al mismo tiempo, quiere seguir ”disfrutando” de los efectos que le proporciona.
  • INESTABILIDAD EMOCIONAL. Esto convierte al adicto en alguien vulnerable, con labilidad afectiva y susceptible a explosiones emocionales.
  • EMPOBRECIMIENTO del ámbito de intereses. Se focaliza en búsqueda del objeto de su adicción, ya sea sustancia o conducta, y por tanto en el consumo o realización de esta, dejando de lado todo lo que hasta ese momento pudieran conformar sus intereses.
  • PÉRDIDA del control de su vida, en todos los aspectos. Incluido el económico, con todo lo que esto conlleva: deudas, mentiras para conseguir el dinero, robos.
  • INCAPACIDAD para proyectar planes futuros.
  • VACIO EXISTENCIAL, con pérdida de ilusión por casi todo lo que no sea el objeto de su adicción, acompañado de la creencia de que salvo éste, nada le va a proporcionar satisfacción.
  • Construcción de una REALIDAD FICTICIA, llena de creencias falsas y mentiras, que permite al adicto mantenerse inmerso en su adicción y convirtiendo ésta en el primer objetivo de su vida. Da igual lo que tenga que hacer o decir, si ello le permite continuar consiguiendo lo que quiere o necesita

Resumiendo, podríamos decir que se trata de un paulatino y repetido abandono de uno mismo y de los valores propios, a favor de la enfermedad adictiva. Cuanto más progresa ésta, mayor es la despersonalización del individuo. Esto es algo que los familiares y todas las personas que rodean a un adicto deben saber para no entrar en su juego y caer en la trampa emocional que les tiende.

Es importante mantener la calma y comprender que no es nuestro ser querido el que se comporta así, sino alguien atrapado en una adicción, un enfermo. Esto no quiere decir que debamos someternos a su mundo caótico, todo lo contrario, debemos mantener la calma para poder conseguir ayudarle a romper el círculo de destrucción en el que está inmerso.

Si crees que puedes padecer una adicción, o alguien cercano a ti la padece y no sabes cómo ayudarle, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. En Centro Aupa te aconsejaremos.