Esta es seguramente una de las falsas creencias más difundidas: pensar que el cannabis potencia la imaginación y la creatividad. Vamos a dejar de mantener mentiras y aclaremos cuál es la realidad. No hay que olvidar que es una droga muy dañiña y que, por tanto, hacer creer a nuestros jóvenes que el cannabis es una sustancia “guay” y que puede aumentar nuestra capacidad de crear es muy peligroso. Los profesionales en el tratamiento de adicciones debemos remarcar las repercusiones que tiene adornar una sustancia de cualidades “supuestamente beneficiosas” o de inculcar la creencia de que potencian cualquiera de nuestras capacidades; estos son los señuelos que hacen que los jóvenes las prueben y, en muchos casos, desarrollen una adicción.

Se habla en el artículo de EL MUNDO de Shakespeare, el mejor escritor en habla inglesa y uno de los mejores a nivel mundial, y de su posible consumo de cannabis (según dice el grupo de investigadores, parecen haber encontrado restos de esta sustancia en sus pipas). No sé cuál es la credibilidad de ese estudio, pero en el caso de que fuera cierto, no prueba de ninguna manera que Shakespeare se convirtiera en lo que es por fumar marihuana. No olvidemos que el cannabis se usa desde el siglo III a.C. y que no se consideró ilegal hasta el siglo xx, por tanto que Shakespeare lo hubiera podido usar no debe extrañarnos tanto, pero de eso a extrapolar y concluir que de ahí proviene su genio o su inspiración va un abismo.

Lo que sí produce el cannabis son los siguientes efectos:

1. Efectos sobre el SNC: afectando la atención, la memoria y la capacidad de aprendizaje. También provoca un incremento del flujo sanguíneo cerebral, relacionándose esto con la alteración del humor y la conducta y provocando a largo plazo un riesgo vascular. Si el consumo se produce antes de los 16 años de manera repetida, provocará déficits específicos en las funciones de la atención que persistirán en la vida adulta. También es neurotóxico, induciendo la muerte celular con disminución del tamaño de las neuronas.


2. Efectos sobre el sistema respiratorio: broncodilatación y leve obstrucción de manera aguda, y a largo plazo, al ser fumado, mayor probabilidad de cáncer.


3. Efectos sobre el sistema cardiovascular: taquicardia y aumento de la tensión arterial y deterioro vascular a largo plazo.


4. Efectos sobre el sistema endocrino: afectando la secreción hormonal y la fertilidad.


5. Efectos sobre la salud mental: inicialmente produce relajación, euforia y alteraciones como cambio en la percepción de colores, sabores y sonidos. También puede desencadenar crisis de pánico y despersonalización, muy frecuentes, y con menor frecuencia, episodios psicóticos (en consumidores habituales). Por no hablar de la estrecha relación con la esquizofrenia, desencadenando su inicio en muchos casos como consecuencia de la interacción de la predisposición genética con el consumo de cannabis. También está el síndrome amnésico y el síndrome amotivacional como consecuencias del consumo a largo plazo. También es un importante efecto los llamados “flashback”, que son alteraciones perceptivas y de pensamiento sin consumo reciente, similares a las del consumo agudo.


Vemos pues que el cannabis es una de las drogas con efectos adversos psiquiátricos más perjudiciales, fundamentalmente por el aumento de riesgo de cuadros psicóticos y por el deterioro neuronal que provoca.

Me gustaría, por tanto, que alguien me explicara, dónde está el supuesto “potencial creativo” o inspirador del cannabis, por más que repaso sus efectos, no lo encuentro. Si nos referimos a ello poniendo como ejemplo, como en el artículo de EL MUNDO, un par de sonetos escritos por Shakespeare supuestamente bajo los efectos del cannabis, por lo que supuestamente en ellos se cuenta, me parece penoso. Me parece muy triste que lo que está escrito, según parece, bajo los efectos de una droga, o sea, la constatación escrita de un delirio provocado por un tóxico, sea considerado “inspiración”, y mucho menos creatividad, por maravillosa que sea la descripción. La creatividad es otra cosa. La creatividad es el fruto de un trabajo y esfuerzo continuado.

El fumar porros no nos convertirá en grandes escritores, ni pintores, ni músicos, nos convertirá sólo en personas dependientes de una sustancia y deteriorará nuestra capacidad cerebral.

Como leía hace poco: para vivir una vida creativa, hay que perder el miedo a equivocarse. Así que ponte a trabajar, equivócate, vuelve a intentarlo, dedícale tiempo, aprende de los que saben más, estudia, amplía tu visión de las cosas, piensa que puedes… Sólo así te convertirás en alguien creativo. No olvides que no hay límites para la creatividad, cuanto más la uses, más tendrás. Y, sobre todo, ten siempre presente lo que decía Picasso: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

Dra. San Román

Subdirectora Médica Centro AUPA